martes, 23 de septiembre de 2014

Comer en Bodegas - Melipal

El cocinero es un ser extraño que, hasta en sus vacaciones, ama meterse en la cocina de los demás.

Sea para ver, para probar o para ayudar, entrar en cocina ajena tiene un no sé qué. Pero ojo que no cualquier cocinero te abre su santuario. Hay muchos chefs que no permiten que nadie pise el campo de batalla donde sus peones están trabajando. Cada uno tendrá sus razones.

Entrar y conocer la cocina del lugar al que vas a comer te aporta mucha información. Puede ser devastador, así como puede ayudarte a revalorizar el producto que te bajan a la mesa. 

Eso me pasó cuando entré a la cocina de la Bodega Melipal

La cocina no está abierta al público como en Sudestada o Café San Juan. Me dejaron entrar como quien abre la bóveda de las joyas de la corona checa. Y me encontré con un espacio de cuatro metros cuadrados.

Sí. Una habitación de dos metros de lado en la cual entraba una sola persona. Ahí, con un orden milimétrico de la mise en place, Juli hace maravillas. Sí, ya sé, la cocina es de Lucas Bustos. 

Pero la que hace las maravillas en el lugar es Juli. Juli, así chiquitita como es, logra sacar de un espacio en el que no te cocinaría más de 3 churrascos a la vez, una seriada de platos excelentes, presentados hasta el último detalle, y logra imprimirles el aroma, el sabor y la textura perfecta.

Si no hubiera visto la cocina, opinaría muy bien, pero al verla, me di cuenta del esfuerzo que hay que hacer para llegar a un producto de excelencia así. Porque los cocineros sabemos lo duro de cocinar en una cocina que no es ideal. Sin ir más lejos, la cocina de mi casa, es de terror. Y cada vez que cocino ahí me pongo de mal humor porque no tengo espacio. Pero esta chica, con su temple firme, relajado, quién sabe si será producto del yoga o de la educación de su familia, ni siquiera demuestra una pizca de ansiedad.

Hablando de los vinos me gustaría repetir la frase que le dije a Sonia (encargada de la visita a la bodega): "Se dedicaron siempre a hacer Malbec y cuando hicieron un Cabernet Sauvignon superaron todo lo que venían haciendo con la cepa insignia de la bodega". Conocía los vinos porque me gustaba mucho el Malbec clásico que tenían. Un vino rico, con una relación precio/calidad excelente... hasta que probé ese Cabernet hermoso que me hizo virar el gusto en un instante. 

Me encanta ver que pasan este tipo de cosas, porque me gusta creer que Argentina, y en especial Mendoza, son mucho más que Malbec. 

Si a los excelentes vinos le sumás una comida lograda a la perfección y todo eso lo multiplicás por la vista a la Cordillera de Los Andes con los picos nevados, la ecuación se va a poder calcular con el corazón, porque no hay números para eso.


El Guerrillero Culinario


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3 comentarios:

Gerardo Pereyra dijo...

El mundo del vino en Argentina es por lo general así, estas agradecido y estamos por igual porque compartís la experiencia. Y razono con vos, excelentes CS, Malbec y en su línea Ikella espero que no discontinuen una perlita, Merlot que merecería mas atención. Saludos y abrazo amigo!

Gerardo Pereyra dijo...

Muy sensible, muy buenos tus datos. Están todos mis créditos!!!

Guerrillero Culinario dijo...

Gracias por la buena onda!