lunes, 13 de enero de 2014

(Internacional) Comer en Berlin - Orientales invadiendo Pearl Hamburg


Sigo considerando a Berlin como la ciudad que más me gusta de todo el mundo. No me pidan que expliqué el porqué, sería imposible. El amor no se puede poner en palabras, por lo que tendrán que creer que ésta es mi ciudad en el mundo, dejando de lado las explicaciones.


Puede ser que siendo fanático del frío me encanten los parques nevados, con las avenidas vacías de autos, como si la metrópolis estuviese completamente vacía de gente. ¿Cómo hacen tantos millones de personas para no deambular por una ciudad tan hermosa como Berlin? 


Creo que gran parte de la ciudad lleva su belleza en la variedad de etnias, razas, creencias y costumbres. Puede ser que el mercado turco en Maybachufer me atraiga tanto por su gastronomía y productos frescos, todo al aire libre, disponible para que uno camine y camine por los puestos mirando, eligiendo, comprando y probando. Mercados así son el éxtasis del culinario moderno, del foodie que gusta de conocer. Sólo tenés que ir un martes o un viernes para ver todo esto que te cuento, vale la pena la visita. Museos hay en todos lados, costumbres importadas, experiencias, sabores y colores. Eso se graba mejor que una pintura.



Supongo que la elegancia de los hoteles, los precios irrisorios inclusive para argentinos con las prohibiciones para comprar dólares, y la cercanía a todo lo que uno quiere visitar sin siquiera tener que usar el auto. Medios de transporte eficientes, y una ciudad que ni siquiera requiere de trenes, subtes o colectivos porque es tan hermosa como especial, tan cementicia y a la vez llena de gente tan cálida. Porque el que nunca estuvo en Berlín no conoce la calidez humana del alemán, internacionalmente castigado por una característica que no logré encontrar.



El hecho de habernos hospedado en el Derag Livinghotel Henriette a un precio competitivo inclusive con países en vías de desarrollo, y encima tener un supermercado al que podíamos ir a comprar Nutella por 1€ o un cuarto kilo de salmón ahumado a 2,65€, y prepararnos un desayuno con todo lo que tenemos prohibido comer en Buenos Aires mirando por la ventana como caía la nieve... y después se preguntan ¿qué le verá este pibe a Berlin?...


En este viaje casi no visitamos lugares netamente alemanes salvo la panchería típica debajo de las vías del tren y el restaurante Gambrinus sobre los que ya conté mi experiencia en el post: "(Internacional) Comer en Berlin - Cosmopolitamente económico", aunque cabe destacar que este último restaurante bajó notoriamente la calidad.


Nos tiró mucho más recorrer los restaurantes que están a la moda, esos que tienen en vilo a los comensales en la puerta, incluso cuando tenés -5ºC a la noche. Pero si vale la pena esperar una hora y media para comer en Sarkis (Buenos Aires), también vale la pena congelarse para entrar a lugares como Monsieur Vuong, del cual ni vale la pena que vuelva a contarles porque mi experiencia volvió a ser excelente como la vez anterior. Sí quería compartirles esta foto, en el baño de hombres, con su ambientación bastante especial. La foto que exhiben en el baño vale la pena la visita al mingitorio. 



Aprovechando cada visita en un restaurante oriental y gracias a que los europeos no tienen problemas en importar cualquier producto, probé algunas cervezas que acá son difíciles de conseguir, como la Tiger (la primer cerveza hecha en Singapour) que no tiene nada de raro a una lager típica, ligera, fácil de tomar, adaptada especialmente para el picante y el calor.



Por otro lado la tailandesa Singah, otra cerveza todavía más ligera, muy suave aunque un poco más amarga que la anterior. Imaginate que si te dan un plato con unos langostinos en una salsa de lima y chiles picantes, lo primero que vas a querer tomar directo de una cisterna para apagar el fuego. Bueno, esta cerveza se adapta perfecto. No le pidas permanencia en la boca, es algo para tomar como el agua.



Primer nuevo restaurante al que fuimos: YamYam. Comida coreana quizás adaptada al paladar occidental, quizás no. La verdad: tampoco me interesa saberlo. Simple, comimos tan pero tan rico que volvería a Berlin para pasar por este lugar y comer el Bi Bim Bap o la variedad de platitos que te sirven. Los precios: regalados. Calculá unos 10€ por cabeza con bebida para comer bien. Ponele que querés pedir mucho y variado como nosotros y te viene una factura de 28€ para dos, lo que sigue siendo barato, muy barato. Queda en Alte Schönhauser Str. 6frente a Monsieur Vuong.



El segundo lugar al que fuimos se llama TRANSIT. Queda en Rosenthaler Str. 68, por la misma zona "norte" de Berlín donde están la mayoría de los restaurantes que me gustaron a mí. Este restaurante es un poquito más caro que el anterior (gastamos 50€ para 3 personas) pero tiene la particularidad de que cada uno elige platitos de una carta interminable de opciones que van desde pato dorado con salsa picante, pinches de carne asada, curries, y todo tipo de comida tailandesa. Sinceramente se come muy bien y tiene mucha onda, más que los anteriores, ya que parece un salón de un típico restaurante cheto palermitano al estilo Casa Cruz, ponele. Lo ideal es pedirse 2 a 3 platitos por persona, entonces si vas en pareja te pedís 6 porciones, un par de cervezas, y sólo te resta cerrar los ojos y abrir el resto de los sentidos para absorber hasta el último de los aromas y sabores que te explotan en al boca. 


Habiendo visitado excelentes restaurantes, uno japonés, uno vietnamita, un coreano y otro tailandés puedo asegurar que Berlin es un excelente lugar para ir a comer sabores importados del sudeste asiático. Habiendo caminado las calles frías llenas de pequeños pedacitos de Buenos Aires por todos lados puedo recomendarte que, seas de derecha o de izquierda, rompas el muro y te adentres en esta increíble ciudad... arte contemporáneo, música, eventos de todo tipo, y comida, mucha comida rica... por algo siempre termino diciendo lo mismo: te amo, Berlin...


Berlín, primera parte, acá...



 
 
El Guerrillero Culinario

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2 comentarios:

sergio kowalczuk dijo...

excelente descripcion, y muy buena memoria.si bien el frio no es lo mio, Alemania y Rusia son dos destinos que me gustaria conocer

SILABARIO dijo...

Acá a dos cuadras, tengo un Gambrinus... sin necesidad de Berlin.
Pero la descripción que haces del lugar y de su cultura, sobre todo la culinaria, y además, ese aire gélido que voy sintiendo al leerte y que trae un poco de fresco a este calor bahiense insoportable, son suficientes para que me ponga a planificar una estadía por esos lares.
Abrazo :)