Buena Birra Social Club - Cervezas artesanales en el patio de tu casa

Nombre: Buena Birra SocialClub
Tipo: Cervecería
Estilo: Cervezas de autor
Dirección: Zapiola 1353, Colegiales.
Teléfono: 15-6428-3457 o mensaje privado por Facebook o seguilos por Twitter en @BuenaBirra

Evaluación
Cerveza: Excelente
Ambientación: Excelente
Atención: Excelente
Precio: Medio

Ideal para: Amantes de la cerveza con paladar.

No es que sea antropofóbico ni mucho menos, pero la idea de pasar una noche de San Patricio entre amontonamiento de tipos transpirados, mojados con cerveza, en cuero, saltando sobre los techos de los autos, no es el escenario ideal para mi gusto personal.

Hacía rato que tenía ganas de conocer este lugar y, la verdad, no tenía ganas de pagarle la entrada a Killkenny o DownTown Matías o Büller sólo porque es el día en el que todos se quieren emborrachar con cerveza. Pregunté por Facebook y, para mi sorpresa, Saint Patricks lo festejarían con cerveza más barata que un happy hour de día de semana en los bares del bajo.

Después de hacerte amigo en Facebook y, previa comunicación para la reserva, me dispuse a asistir al chalet en el residencial barrio de Colegiales. Llegando al lugar vas a ver a toda la familia en la cocina que da al frente de la casa preparando las diferentes ofertas gastronómicas para acompañar la cerveza.

Porque sí. Acá la vedette es la birra, y la comida es un acompañamiento. La gran diferencia con los bares tradicionales es que en Buena Birra SocialClub la comida es muy buena (aunque admito que Gibraltar también tiene excelente gastronomía para ser un bar cervecero).

Apenas entrás al lugar podés ver la barra con los grifos de cerveza, varias mesas y un lindo patio, especial para las noches veraniegas. El lugar es bien grande, una muy buena separación entre mesas que te da la libertad de estar en tu grupo sin molestar a los demás.

En ese momento había 4 cervezas para probar, una Bitter, una Scotch, una Golden Ale y una Stout. Una buena selección que abarca una variedad de sabores aptos para casi cualquier buen paladar que disfruta de este fermentado de malta. Para mi gusto personal, tanto la Bitter como la Scotch fueron las reinas de la noche.

Si vas temprano tenés una promoción de Happy Hour, lo cual te asegura que podés disfrutar del alcoholismo antes de que se ponga el sol. No hago apología al consumo de alcohol, pero si te gusta, ¿por qué no tomar algo rico, disfrutarlo y que te salga barato?

La picada directamente va como loco. Así. Sin dar vueltas con los adjetivos ni la búsqueda de sinónimos de sabores o sensaciones. La tabla de fiambres tiene una excelente calidad de productos y, acompañado del pancito, la cerveza y los amigos, es una buenísima forma de pasar una noche, sea día de semana o weekend. También están muy buenos los pinchos de pollo, por si quieren otra cosa.

Al margen de la buena calidad de cerveza artesanal, la propuesta gana mucho por su originalidad de microcervecería junto con la buena onda en su atención (te atiende Eugenia, que es algo así como la jefa suprema de los grifos). Es un lugar recomendado para aquellos que quieren un poco más de privacidad o les gustaría juntarse con amigos sin el descontrol, ruido excesivo y precios altos como los bares del centro.




El Guerrillero Culinario


Comer en Bodegas - Lagarde

Las distancias en Mendoza se miden en medias-horas que te lleva viajar desde un lado a otro. Ponele que del centro de la ciudad hasta, Agrelo, tenés entre una y dos medias-horas. Tunuyán, entre dos y tres medias-horas. Todo en Mendoza queda lejos del resto.

Salvo algunas bodegas que están ahí, a menos de treinta minutos del centro, donde termina Godoy Cruz y comienza Luján de Cuyo. De hecho estas bodegas son divertidas para visitar en bici porque la cercanía con el centro las hace atractivas para el fan de GreenPeace como para el porteño que odia estar todo el día arriba del auto.

Sin contar que, si vamos a probar vinos, lo ideal sería no manejar.

Yendo por la famosa avenida San Martin, al 1745, te cruzás con la bodega. Depende del lado del que vengas seguramente te hayas cruzado con dos, tres o veinte bodegas diferentes. Si vas a ir en bicicleta, ¡cuidado!, el mendocino maneja bastante mal y ser atropellado es algo que no creo que quieras vivir, más si son tus vacaciones.

La Bodega Lagarde es hermosa porque se respira la antigüedad del edificio. Cuando pasamos por las habitaciones devenidas en parte del restaurante quería ir a buscar un pico y una maza para llevarme ese piso granítico delicado que me encantó. Pero creo que no está bien visto visitar una bodega para robarse los cerámicos, las aberturas...

Como toda visita a bodega prefiero destacar un par de puntos diferentes a otras bodegas: Lagarde busca cierta interacción con el turista. Por un lado tienen la posibilidad de que uno pase un rato de la mañana o la tarde cosechando racimos para después ver el funcionamiento de la despalilladora, la cinta de selección y demás partes del proceso del vino, y por otro lado está la posibilidad de hacer una especie de día de campo donde te sentás en el pasto a tomar vino y comer unas cositas saladitas que vienen en una canasta, como si uno fuese un inglés de pura cepa que pasa la tarde del domingo en el Hyde o el Regent's Park. 

Pasada la visita se vino lo mejor. 

Nos fuimos a sentar en una de las mesas del restaurante para empezar a degustar vinos. La cosa es que vino Juan Roby, el enólogo, que ya lo conocía de un evento un año atrás en Buenos Aires. Juan es un tipo simple, sincero, que ama lo que hace, disfruta del buen comer, y hasta creo que hace los vinos ricos porque le gusta descorcharse toda la bodega cada vez que se sienta un segundo para dejar de lado las corridas del día de vendimia.

Empezamos a probar vinos, y vinos, y vinos. ¿Qué te puedo decir yo que soy Fan de los vinos de esta bodega? Te puedo decir que el Guarda Cabernet Franc es uno de los exponentes de la cepa más delicados que tomé. Te puedo decir que el Primeras Viñas Malbec era uno de los vinos más pornográficamente deliciosos que había probado hasta que Juan me convidó con el nuevo Cabernet Sauvignon y me puse loco. 

Si yo me puse loco no se imaginan a La Guerrillera que me dijo: "Llevemos una caja", y yo le dije "Pero todavía no está a la venta" a lo que cerró la discusión con un "Ese es TÚ problema, el vino lo quiero en casa".

Bueno. El vino por suerte ya se vende en Buenos Aires. Y sí, como todo lo que le gusta a la mujer: cuesta tres cifras. Pero acá el precio bien lo vale. No es un vino para todos los días, pero sí es un vinazo para abrir en un cumpleaños, en un aniversario, o simplemente cuando te decís a vos mismo: ME LO ME-REZ-CO.

La cosa es que seguimos probando vinos y apareció Lucas Bustos (y digo apareció porque no fue planeado que caiga justo en ese momento).

Lucas es el chef de Entre Fuegos, el restaurante que tiene la bodega, pero a su vez también es chef para Melipal y para Ruca Malen. Lucas es un pibe más joven que yo que se dio la vuelta por el mundo cocinando, perfeccionándose y haciendo todo lo que yo no hice. Bien por Lucas. Mal por mí.

Pero tampoco tan mal no hice las cosas porque estaba ahí, disfrutando de lo que había pensado Lucas para el restaurante.

La idea del restaurante me gusta desde su lado rústico, donde ves como van prendiendo el fuego y sobre el fuego hay un par de planchas de hierro, de esas que cocinan siempre parejo, y si las sabés usar te permiten preparar platos magníficos con el calor de la misma naturaleza. Nada de gas. Madera, y una placa de hierro gruesa.

Les puedo decir cada plato que probamos, pero como el menú va cambiando de temporada les puedo decir algo más útil: cualquier cosa que cocinen en esa placa va a salir excelente. Mientras escribo y pienso en esa carne bien dorada por fuera y jugosa por dentro, con la sal gruesa que hace crunchy-crunchy mientras masticás y empieza a salir la saliva que recorre los costados de la boca, y de repente sentís esa acidez de los jugos de las berenjenas y los zapallitos cocidos en la misma plancha... mientras escribo se me hace agua la boca.

El vino, como buena llave maestra para la charla, quita esas inhibiciones que algunos tienen (y de las que yo soy carente), por lo que empezamos a describir los platos y Lucas no tiene la mejor idea que decir: "Los vegetales no son crocantes, son turgentes, porque (...)".

Todo lo que dijo después estuvo tapado por risas, comentarios sobre las turgencias de los pechos de una linda mujer, manotazos a las botellas para seguir tomando, y más risas, y más placer, porque lo que te hace sentir esta gente es eso, que estás en el patio de la bodega comiendo y riéndote, pasándola lindo, con gente que se rompe el lomo trabajando, pero que se toma ese minutito para bajar a la tierra, y ser feliz.

Podés leer el menú, te podés imaginar los platos, podés comprarte un vino, pero ese patio, ese clima, y ese momento, lo vas a poder vivir allá. Porque la vida es eso que se nos pasa mientras esperamos que lleguen las vacaciones para ser liberarnos y amarnos a nosotros mismos.

Hay Cabernet para rato.

 

El Guerrillero Culinario


Comer en Bodegas - Finca Decero

Les voy a contar una historia...



Allá por agosto del 2012, y gracias a un paquete de fideos italianos De Cecco, empecé a hablar con la hermosa mujer que va a ser mi futura esposa. Ella me mandó una foto con el precio de la pasta italiana que se vendía en New York y yo, rascando monedas para tomarme el bondi, me babeaba con lo poco que costaba un paquete de fideos.

La cosa es que, charla va, charla viene, pusimos un día para encontrarnos.

"Yo armo una picada, vos traete el vino", dijo ella marcando así el camino y demostrando que las órdenes llevan vestido. ¡¿Y qué vino llevo?! Quizás crean fácil para mí, siendo un borracho vestido con el traje de "comunicador social de bebidas alcohólicas", pero no. Es fácil elegir el vino para el otro, pero nunca va a serlo para uno.

Me puse a ver el mueble lleno de botellas amontonadas y desordenadas la cava y opté por un Cabernet Sauvignon. Sabía que le gustaba esa cepa, así que lo mejor era ir con algo para demostrar "viste que te presté atención, viste! viste!?". Ahora, ¿cuál Cabernet Sauvignon llevaba?

De repende vi esa botella y todo me cerró. Decero Cabernet Sauvignon.


De cero.

Y así es como empezamos de cero...


Un año y medio después sería la Finca Decero nuestra segunda bodega a la que iríamos a visitar y, de paso ir a comer en Mendoza.

Me encanta hacer las cosas por amor. Amor a mí mismo, a mis gustos. No hablo del ego. Hablo de respetar lo que uno gusta al margen de la opinión de los demás. Me pasa cuando elijo vinos, lugares para comer, o lo que tenga que elegir. No voy ni contra ni a favor de la corriente. Voy como me siento libre. Decero, una bodega poco conocida estaba dentro de nuestros planes porque formaba parte de nuestro pasado, nuestro principio.

Había conocido a Marcos Fernández, enólogo de la bodega, unos años atrás. Desde un principio me gustaron sus vinos. Quizás por el lugar, quizás por las uvas, o quizás porque el enfoque de su creador era muy particular. Gracias Marcos. Gracias por lograr esos vinos.

Lo cierto es que tenía ganas de que Nana visitara la bodega. De casualidad la bodega es de capitales suizos, algo así como su familia paterna. La historia suizo-alemana la podés ver en la prolijidad, los detalles de la limpieza, el funcionamiento correcto cual relojería de alta gama, donde todo engranaje encaja justo con el diente de otro movimiento, para hacer que en conjunto funcione perfecto.

La gran diferencia: acá no hacen relojes sino que elaboran vinos. Y un argentino en una bodega suiza elaborando vinos logró lo que me imaginaba: vinos delicados.

Probamos todo y me voy a centrar en 3 vinos muy diferentes, pero todos con la delicadeza del sello de Marquitos. El Cabernet Sauvignon, que ni pica ni raspa como la mayoría de los representantes de la cepa, es un hermoso vino para disfrutar de cualquier momento, el Petit Verdot Pequeñas Producciones, un vino complejo, lleno, redondo, como un juego de poker donde te llegan las cartas y tenés una escalera real y ya sabés que ni un poker de ases va a moverte el piso. Y por último el blend que se llama Amano. Es uno de los blends que más me gusta, y lo tengo en mi podio con otros, que no son muchos. Si bien es un blend, lo cual le da potencia, también predomina la delicadeza. Como todo vino de alta gama tiene un precio que, a simple vista nos provoca cierta duda. Pero una vez que uno lo prueba se da cuenta: lo vale cada peso que cuesta. Porque una cosa es el costo, y otra el valor. Pero si uno se pone a pensar, hasta termina siendo barato comprarse este increíble vino y armar una cena en casa para un aniversario, que salir a comer afuera tomando cualquier vino común y corriente. Seguramente gastes más comiendo afuera que cocinando algo rico. Suma, que cocines algo rico suma más que cualquier restaurante.

Después de probar los vinos y charlar por casi dos horas entre las vides y las barricas nos fuimos a comer. A ver si puedo ubicarlos en el espacio. Acá no es "nos vamos a comer" como quien se sienta en una mesa y come. Acá tenés toda La Cordillera de Los Andes para vos. Ahí, entre la prolijidad de las hileras de uvas, un fondo que parece sacado de un salva pantallas.

La idea del maridaje no está pensada desde esa estructuración que se suele dar a la hora de comer en una bodega. Acá es más simple: te sirven los 3 vinos tintos clásicos de la bodega (Malbec, Syrah y Cabernet S.) y vos vas a ir tomando del que más te guste, o de los tres, en el orden que quieras seguir. Tenés por un lado un paisaje indescriptible, por otro una comida riquísima y en el medio vinos que te parten el cerebro. El orden de los factores, te aseguro, no altera el producto.

Si bien el menú va cambiando por temporadas puedo decir que el trío de texturas maíz, con una empanada de humita, una crème brûlée de maíz y una ensalada de maíz en vaso fue algo magnífico. Lo mismo que ese ojo de bife cocido perfecto con su chimichurri delineando la sonrisa del plato parecían salidos de una historia de amor entre mi paladar y la vaca. Composición, tema: la vaca, el ojo de bife jugoso y yo. Excelente presentación para la trucha rellena, opción ideal para quienes quieren evitar tanta carne roja y gustan más de estos simpáticos pececitos de alto contenido en omega 3.

Pero algo que me volvió completamente loco, algo que me hizo reconsiderar todos mis estándares de calidad, y no me esperaba para nada, fue el postre de helado de alfajor de maicena sobre un húmedo de chocolate (algo similar a un brownie). Por lejos (y lo voy a seguir diciendo por mucho tiempo) el mejor postre que disfruté en mi vida. Tenía ganas de gritar: HACEME TUYO POSTRE, HACEME TUYO!

Entra dentro de las cosas que el ser humano debería probar antes de morirse. La textura, la sensación fresca pero a la vez mantecosa, el sabor perfecto, y hasta el aroma, lograron hacerme sentir en una tarde de invierno comiendo alfajorcitos de maicena en casa de mi vieja, mientras tomaba la leche chocolatada, y creía que no había nada más en el mundo que una familia, el calor de casa, y ese alfajor...

Y vaya a saber cómo funciona la mente de uno que por una vez más, me volví a sentir un chico, siendo feliz, al lado de quien va a ser mi futura familia.

En el fondo repetimos esquemas, y nos queda a nosotros elegir cuales son los que vamos a perpetuar.

Un vino. Mi historia. Un recuerdo...





El Guerrillero Culinario