miércoles, 22 de abril de 2015

Mendoza y el FairTrade

Recién llegado de Mendoza, después de haber descansado en mi cama; nunca voy a lograr comprender del ser humano el porqué de extrañar un colchón. Levantarme y volver al ruedo en la ciudad, algo que cada vez cuesta más al viajar a lugares relajados como la montaña. Ya que todavía no entré en la locura, me siento, y (me) prometo intentar ser políticamente correcto y no meterme en la militancia innecesaria para hablar de este tema. 


En pocos días vi muchas cosas nuevas. Normalmente lo nuevo viene por el lado del vino. Cambian las cepas, se usa más o menos madera, más o menos sulfúrico, cofermentaciones, etcétera, etcétera y más etcétera. Cosas que al lector general mucho no le interesa. La persona que cae en este blog lo hace porque le gusta comer. Y también le gusta tomar. No más que eso. No entra al National Geographics, ni a una "punto org" con la idea de leer un paper que le explique la magia de cofermentar dos uvas.

Quiere saber qué vino es rico, ir, comprarlo, descorcharlo, y seducir su paladar...

Pero dejemos de lado si el vino te gusta o no te gusta, si es caro o
barato, si está de moda o ya se le pasaron los 15 minutos de fama. Mejor hablemos de cuánto cuesta el vino.

Sí... cuanto "cuesta", y no cuanto "vale".

Cuando hablo del costo, no hablo de dinero. Hacer medialunas de manteca cuesta mucho, por ejemplo, porque el que las hizo sabe lo laborioso que es.


Bueno, el vino cuesta. Y ese trabajo proviene de mucha más gente que el enólogo, el ingeniero agrónomo, el dueño, y un par de administrativos que hacen su trabajo. No voy a menospreciar la magia de cada uno, porque un buen vino depende de un buen enólogo, un buen trabajo de la vid, y saber venderlo.


Pero en la finca hay un trabajo que hace mucho tiempo, por costumbre o por idiosincrasia, venía manejándose de una forma muy peculiar.

La cosecha.

Por un momento abran su mente e intenten visualizar a una persona con un balde (más bien poco profundo, o pando, como dicen los mendocinos), de forma rectangular u ovalada, una tijera en una mano, el gorro para taparse del sol, arrodillado frente a la vid que está distribuida en forma de espaldero (esto es cuando las plantas forman paredes y los racimos caen por los costados), cortando los racimos y acumulándolos en el balde hasta que ya pesan sus lindos kilitos de uvas. Levantarse y volver hasta el comienzo de la hilera, algunos más rápidos que otros, porque mientras más se cosecha más se gana. Llegar a los cajones, depositar la uva, y que el patrón le tire una ficha de metal como cuando uno le arroja una moneda a una fuente pidiendo un deseo. El cosechador la agarra, la guarda, y sin levantar la mirada vuelve a cosechar más. Más fichas, más plata. Así es la cosecha.

Recuerdo hace un tiempo haber discutido con una persona X, cuasi militante de un partido Y, que tenía unas hectáreas de vides ya comprometidas con una cooperativa. El tipo, como casi todos los dueños de fincas, utilizaba este clásico sistema de fichas para pagarle a los cosechadores. Cuando le pregunté si no le parecía un tanto cruel, por así decir, esa forma despectiva de pago me dijo que siempre fue así.

-¿Pero no los ponen en blanco por ese trabajo temporal? -pregunté.
-No. Los golondrinas vienen y sólo trabajan en la cosecha, una vez al año, es más fácil así.
-Entonces es trabajo en negro. Porque el trabajo temporal está contemplado en el país.
-Sería muy complicado regularlos por tan poco tiempo.
-O sea que bancás un modelo... bancás el modelo que te da más plata a vos.

Obviamente no duré mucho en esa familia. Sé que tengo muchos errores, pero si hay algo que me molesta es la injusticia.

No pienso ponerme en contra de un sistema instaurado hace más de 100 años, un poco porque no soy juez ni verdugo de los terratenientes, y también porque quiero seguir yendo a las bodegas y que me reciban con buena onda y no me linchen a piedrazos. 

Soy justo, pero no boludo.


Entonces se me ocurrió ir por el lado positivo, por el cambio, y en vez de criticar el pasado, festejar el futuro.



Festejar el FairTrade.


Me encontré charlando con Matthieu Grassin, enólogo de la Bodega Alta Vista, y Julia Halupczok, Agrónoma de la bodega, acerca de un vino nuevo que vi en el mostrador de vidrio. Veníamos de probar todo tipo de cosas ricas en los tanques, algunas uvas en proceso de fermentación y otras ya listas; un Syrah que me rompió la cabeza y ruego que embotellen como parte de Los Escasos (como el 2004 que probé hace ya muchos años). Pero seguía mirando la botella nueva que no conocía.


Este vino nuevo no decía Alta Vista. Pero lo hacen ellos. Con un sellito cuadrado en la etiqueta frontal. ¿Qué tiene de novedoso?


El concepto de Comercio Justo (Fair Trade).

La idea de ser parte de la certificación FairTrade trae aparejadas muchas cosas buenas y otras responsabilidades que no se venían cuidando hasta el momento. Desde que los trabajadores tengan un plato de comida caliente hasta un baño en condiciones, desde los aportes y el trabajo declarado hasta una cooperativa que los nuclee y regule las necesidades, y lo más importante, que parte de la ganancia del producto tenga que volver al trabajador de forma directa y verse reflejada en la sociedad, en obras de bien.

El FairTrade garantiza un precio justo para el trabajador, auditado por una extranjeros puntillosos que están en cada detalle para que sea realmente justo.

¿Parece algo lógico, no? Hasta ahora no lo era.

Parado frente al enólogo sentí que no tenía que probar el vino. No era necesario probarlo para saber si era bueno o malo. En todo caso, en cuanto salga al mercado (que falta poco) lo compraré para saber si me gusta o no de sabor. Pero bueno... ya sé que lo es.

Porque vinos ricos hay muchos... te puedo nombrar cientos... pero vinos que cuidan a su gente, al país, esos por ahora van a ser pocos... aunque no pierdo la esperanza de que cada vez sean más...

Hoy brindo por Alta Vista. Porque se comprometieron con la gente.

Quién sabe en unos años empecemos a festejar un verdadero Malbec World Day, mostrándole al mundo que Argentina tiene vinos justos...

... justos para todos.




El Guerrillero Culinario


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Pueden leer más sobre la reglamentación en inglés acá o en español acá.

2 comentarios:

Pablo Pizone dijo...

excelente ya que tenemos que luchar por un país justo con sueldos justos y que todos paguemos los impuestos que nos corresponde

Alejandro Marenna dijo...

Buena y linda noticia. Ojala los propietarios entiendan que el producto final, bueno o malo, es el resultante de una cadena de valor donde cada elemento aporta su plusvalia, y no solo es es muy gratificante para el trabajador sentirse reconocido por su esfuerzo sino que haciendole merecer lo que le corresponde y enseñandole su valor se logra seguramente empleados comprometidos y mejores productos.