Tipo: Restaurante
Estilo: Comida Coreana
Dirección: Bacacay 3499, Capital Federal
Teléfono: 4613-4623
Evaluación
Cocina: Excelente
Cocina: Excelente
Ambientación: Buena
Atención: Muy Buena
Precio: $75 (U$S 17 aproximado)
Leyendo el blog de Joaquín Hidalgo, y siguiendo el consejo de este groso en los medios gastronómicos empecé a hacerme mis escapadas al barrio de “Palermo Flowers” para satisfacer mi deseo por quejarme después de darme una panzada.
Está de moda cocinar (¡chocolate por la noticia!) y en esa nueva moda por ser todos sibaritas y cocineros, restaurantes como este pueden servir para elevar el ego de quien siente la necesidad de compartir un rato con amigos o familiares tirando toda la carne al asador, de unos 30cm de diámetro.
A diferencia de Sinko (sobre la Avenida Rivadavia) o Bi Won (en el barrio de Once), en Yu Ga Ne uno mismo es el que cocina la carne. El sistema es tan fácil que lo adoptaría para mi casa si no fuese porque cocinar en el living es vivir con olor a restaurante las veinticuatro horas. Tijera en mano y diferentes cortes de carne vacuna y porcina, lo único que hay que hacer es trozar en pedazos del tamaño ideal para comer de un solo bocado, disponerlos en la parrilla a carbones e ir dándolos vuelta regulando el punto de cocción deseado.
Ser uno el que condimenta la carne con la salsa picante es una gran ventaja cuando la tolerancia a la pasta de ají no es lo suficientemente elevada como para disfrutar de la comida coreana. Mismo se pueden asar todos los cortes sin la necesidad de condimentarlos, si es que uno quiere sabores más suaves.
Como es la costumbre en la gastronomía coreana, empiezan a traerte todos los platitos. Mayoritariamente verduras, los platos van a acompañar a la carne, siempre de la mano del arroz. Este último es el único elemento en la mesa que no se comparte. Para el coreano el arroz es (o debería ser) como nuestra esposa, propiedad privada por la que matarías si alguien intenta tocar.
El resto se dispone en la mesa, y el ruido de la vajilla al tomar, mover, pasar, servirse, apoyar, es típico de una comida en la que lo importante es compartir. Mientras uno está sirviéndose los hongos salteados pregunta como estaba el brócoli y nuestro vecino nos pasará la tortilla de huevo.
La idea es simple: tomar lo que uno quiere, pasarlo al bol con el arroz, elegir un corte de carne, depositarlo también junto con el resto de los ingredientes, y comer. Operación que se desarrolla una y otra vez.
En el medio puede que te llegue una sopa, de sabor más o menos parecido a los demás restaurantes, pero con un ingrediente idéntico en todo restaurante coreano: PICA. Y MUCHO.
Hablar de ambientación y atención en un restaurante coreano es un tanto insensato, creo yo. Siempre y cuando no nos griten, nos insulten o veamos una cucaracha caminar por la mesada, da igual si la silla es de cuero ecológico o tapizada en pana estilo Luis XV. Lo que uno va a hacer a un restaurante como este es comer, pasarla bien y relacionarse. De hecho, si tengo que pensar como la pasé en los últimos restaurantes a los que fui, la ambientación y la atención no fue determinante para pasarla bien o mal. Sí noté que, en los lugares donde más distendido estuve, mejores recuerdos positivos captó mi mente y, por qué no, hasta la comida se saboreó más rica.
Para quienes gustan de la gastronomía distinta, de sabores puros, sin esnobismo ni ganas de aparentar.




1 comensales:
Muy buena reseña! Y gracias por el piropo...
Salú!
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