Hacía ya varios años que no pisábamos este lugar ya que la última experiencia no fue tan buena y, dado el valor del cubierto el resultado era una combinación de negativas.

Llegamos y por suerte había lugar, hecho que me hace reflexionar sobre la verdadera crisis de la que se queja la gente. El lugar es mediano; dispone de un sector de almohadones y mesas bajas (donde nos tocó estar) que es recomendable preferentemente para las personas que van con ropa cómoda (le falta un perchero o lugar donde poder colgar las cosas. Por otro lado tenemos el salón, un poco más iluminado, más ruidoso que el sector anterior. Disculpen si las fotos no se ven realmente bien, pero la cantidad de luz de este lugar no era la mejor, ni siquiera para alguien con buena visión.

El mozo resultó ser un genio, al menos el joven que nos tocó sabía recomendar porque había probado todos los platos, característica importante de la que no se suelen ocupar los dueños de los restaurantes. La panera vino con pan árabe (el cual estaba debajo del resto del pan así que lo encontramos al final de la cena, y con un pan picante, extraño, ya que no era muy sabroso pero sí picaba.

Los platos son bastante grandes y, por los comentarios de conocidos, los postres eran el fuerte de la casa, por lo tanto no pedimos entradas y decidimos arrancar con un plato cada uno. Caro se pidió el Kabab Naa Naa ($55), unos brochettes de carne (a point, osea medio rosaditos) marinados con miel y menta, de los cuales se sentía más el sabor a la menta que a la miel, junto con una ensalada de berenjena frita bañada en limón, almendras tostadas y peladas, tomate fresco y perejil. El plato estaba muy bueno, más de temporada veraniega porque la ensalada era super fresca.

Por mi lado me pedí el Cous Cous Imperial ($45), un cous cous muy bien hecho, con 2 patas de pollo y un mulso, sumado a duraznos confitados, cebolla y un par de sabores intensos pero no invasivos. Dentro de los platos que me podía pedir, creo que volvería a pedirme el mismo. Lo traen junto a una cazuelita de caldo para rehidratar el cous cous (según el gusto de cada uno) y un bol con picante, para dosificar el cous cous.

El que armó la carta de vinos no se esmeró mucho, porque la variedad no era muy buena, y los vinos simples estaban relativamente caros, por lo que terminan obligándolo a tomar otra bebida o un vino más caro. No hay vinos por menos de $40 la botella, siendo además vinos mediocres, que valen 3 a 4 veces menos en góndola, lo que no deja una buena imagen. A esta altura pedimos un trago (Ajdar - $20) con manzana verde, ron y vino blanco, muy bueno, muy rico.
A la hora de los postres se hace complicado elegir, esta vez (porque pensamos volver) elegimos el Suklat ($23), un volcán de chocolate que venía junto con higos pasas y un tuille ("teja" en francés; forma cheta de llamar a esas decoraciones con aparatosas que le dan altura al plato) de chocolate amargo, junto con una bocha de helado especiado y frutos rojos. La verdad, increíble. Punto y aparte, pedimos disculpas ya que la desesperación por comer algo dulce después de una cena tan especiada, nos jugó en contra y no le sacamos foto.
En resumidas cuentas, Bereber es un restaurante interesante, se come bien, pero tiene algunas cosas para mejorar. La atención y los platos son el fuerte de un restaurante marroquí de buen nivel, con un ambiente que sólo está a la altura por la decoración pero le faltaría mejorar la acústica y la distancia entre las mesas. La carta de vinos no es buena, y la variedad de cervezas podía ser mejor en un restaurante donde los platos merecen un buen maridaje con cervezas ales de trigo o lager pilsen bien lupuladas de sabores frescos que barran con tantas especias locas en nuestra boca. Muy bien por la opción del Café Nespresso Marroquí ($9), el cual fue el mejor café que tomé en Argentina.
P.D.: Tienen descuento con Club La Nación. Sobre una factura de $185, el descuento fue de $37, se puede tomar en cuenta que el vino viene gratis.
4 comensales:
El viernes pasado estaba por llevar a mi novia al Café San Juan, pero tu crítica de este lugar me hizo cambiar de idea. Estuvimos en los silloncitos, muy romántico pero hay que acostumbrarse a comer así, es un tanto incómodo. De entrada pedimos media porción de Humus ($18) que estaba bárbara. Ella pidió el Kabab ($55) y yo Cous Cous Rey (de cordero) ($62) (me traje la cuenta para comentarte!). Ambos platos muy bien preparados y abundantes, no parar compartir, lo que me parece perfecto. En un restaurant los platos no deben estar pensados para compartir, me gusta comer lo que se me antoja, no ponerme a negociar con los gutos de mi acompañante. Postre no pedimos porque el plan era continuar en algún bar y nos hubiera dejado de cama. Pero ella se pidió un trago elaborado (arandano, té, caramelo saborizado, por esos lados) a $25, excelente trago y excelente precio, teniendo en cuenta que en los bares de la zona te cobran lo mismo por ponerle un poco de fernet a un vaso de coca cola. Yo me pedí un Nespresso Marroquí con especias que estaba increible a $11.
Sería un total de $225, que quedó en $180 gracias al bendito Club La Nacion. Me acordaba de tu comentario "te ahorrás el vino". Cosa que lamentablemente no sucedió, debido a que el vino mas barato (un Alamos creo) estaba $55 (y no se si $60). Yo si voy a comer afuera es para pagar el valor agregado, pago para ahorrrarme el esfuerzo que me implicaría cocinar un rico plato elaborado y para disfrutar del talento culinario de gente que cocina mejor que yo. La idea cuando uno sale a comer es comer, no gastar el triple para tomar el mismo vino que compro en el supermercado. Entonces me da mucha, pero mucha bronca cuando en un Restaurant el vino mas barato sale lo mismo que el plato mas caro, es una ridiculez. Yo voy al restaurant por la comida, no para tomar un vino mediocre. El precio de un vino económico debería ser acorde al precio de los platos de la carta, y luego sí tener vinos superiores para el que realmente se interesa por el tema. Me terminé pidiendo una copa de Syrah que estaba 20 y era un Escorihuela flojo-flojo.
Moraleja: Altamente recomendable, muy buena la comida, el café y los tragos. El vino malo y caro y los silloncitos están buenos para probarlo una vez, pero cuando vuelva seguramente iré a las sillas.
¡Los silloncitos son para gente joven y arriesgada!
Yo prefiero la mesa normal.
Respecto al vino, estoy totalmente de acuerdo. De hecho una vez llamamos para llevar nuestro vino y preguntar el precio del descorche y nos dijeron que era el valor del vino más barato de carta (en ese momento $45 o $48, algo así), cosa que consideré de muy mal gusto.
Por otro lado, la carta de vinos es mala, tiene una selección mal hecha, con poca variedad y con mal gusto. Esto lo digo porque uno puede comprar vinos no tan conocidos, como el Sangre de Viña Malbec de Bodegas La Guarda, que es un vino de $18 (en góndola) y sin embargo uno puede considerarlo un vino mucho mejor que uno a $50 en restaurante, y de esa forma darle un valor agregado a la gente. Si Mc Donald's vendiera hamburguesas Goodmark nadie iría, simplemente porque las comprás en el super y listo.
Comida correcta pero no como en Marruecos. El servicio de mesa malo, no te cambian los platos...falta de atención y delicadeza.
El precio es muy elevado para la calidad del restaurante.
No se hacen cargo de sus errores, falta de profesionalismo. En este caso han ensuciado una camisa(más cara que la cuenta) y no ofrecen nada, falta de cortesía total.
Ana:
Difícilmente uno se pueda topar con restaurantes que representen al 100% la comida de otro país, sin descartar que tampoco uno puede conocer el 100% de la comida de otro país, ni siquiera el propio. Me pasó encontrar unas 10 diferentes recetas de Locro en el interior por lo que no sabría como juzgar si realmente la comida argentina en el exterior es correcta o no.
El tema del servicio no lo viví de la forma que te pasó a vos, pero no me soprende ya que últimamente están haciendo recambio de personal en casi todos los restaurantes por mano de obra más barata.
Un punto menos por la mancha; deberían haber ofrecido el servicio de tintorería, por lo menos.
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